Recorremos de norte a sur la tierra que toma su nombre del río Jordán,
esa frontera líquida que se prolonga hacia el sur en forma de lago
salado: el mar Muerto. Las reducidas dimensiones del país nos permiten
trazar un recorrido bastante completo que comienza en su capital, Amman,
para visitar lugares bíblicos, ciudades romanas, ruinas nabateas y un
maravilloso desierto antes de terminar en la muy turística ciudad de
Aqaba, a orillas del mar Rojo. Una hora trepidante en Oriente Próximo.
Blondie (Pepita y Lorenzo o Lorenzo y Pepita en algunos países hispanohablantes), es una tira cómicaestadounidense creada por Chic Young. Distribuida por King Features Syndicate y publicada en diversos rotativos desde el 8 de septiembre de 1930.
El éxito llevó a la creación de películas (1930-1950), programas de
radio, historietas y una serie animada. «Blondie» en inglés es un diminutivo cariñoso que se traduce al español como
Garfield es el nombre de una tira de prensa creada por Jim Davis, que tiene como protagonistas al gato Garfield, al no muy brillante perroOdie, y a su dueño, el ingenuo Jon Arbuckle (llamado Jon Bonachón en la traducción
hispanoamericana y por su nombre original en la española). El
protagonista principal se llama así por el abuelo de Davis, James
Garfield Davis, quien fue bautizado a su vez en honor al presidente
estadounidense James A. Garfield.
¿Fue la crisis de los tulipanes de 1637 una catástrofe económica que hundió a toda una nación, o estamos ante uno de los mitos más persistentes de la historia financiera? Lo que comenzó como un símbolo de estatus para la burguesía mercantil holandesa terminó convirtiéndose en un complejo juego de contratos de futuros conocido como el comercio del viento. Exploramos cómo un virus, el clima y la ambición humana crearon una burbuja que, aunque fascinante, no fue el apocalipsis económico que la literatura posterior nos ha contado. Con Dani C.
En el Parque Nacional de Boé, en Guinea-Bissau,
hay árboles que cuentan una historia sin decir una palabra. Sus troncos
están cubiertos de cicatrices y en la base se amontonan piedras, como
si sucesivos visitantes hubieran dejado allí una ofrenda.
Y no, no son restos dejados por personas. Son el resultado de una conducta que algunos grupos de chimpancés
repiten desde hace años. Los animales, generalmente machos adultos,
toman una piedra, la lanzan contra un árbol concreto y, en ocasiones,
regresan una y otra vez al mismo lugar. La gran pregunta sigue abierta.
¿Qué significa este comportamiento?
La conducta se llama lanzamiento acumulativo de piedras y lleva años
intrigando a los primatólogos. Un macho adulto se acerca al árbol,
suelta un grito potente –un "hoot" una vocalización potente que puede
propagarse a gran distancia– y estrella una piedra contra el tronco. A
veces también golpea el árbol con manos y pies, en lo que se conoce como
"buttress drumming" o tamborileo sobre contrafuertes. El resultado, con
el tiempo, es una acumulación de piedras alrededor de algunos de estos
árboles.
El misterio de las piedras
Lo llamativo es que esta conducta no aparece en cualquier parte. Hasta ahora solo se ha documentado en cuatro grupos de chimpancés
de África Occidental. Ya en 2016, las observaciones realizadas en
Guinea, Guinea-Bissau, Liberia y Costa de Marfil despertaron la atención
de los investigadores, mientras que equipos situados más al este no
encontraron un comportamiento similar.
Investigaciones posteriores han mostrado que la mera disponibilidad
de árboles y piedras no basta para explicar dónde aparece esta conducta.
Aquello abrió distintas posibilidades, desde una función comunicativa
—quizá relacionada con la territorialidad— hasta una posible dimensión
ritual.
planteó, entre otras interpretaciones posibles, que estas acumulaciones
de piedras tuvieran una dimensión ritual, a partir de su parecido con
montones de piedras que algunos pueblos indígenas de África Occidental
forman junto a "árboles sagrados". La comparación, sin embargo, no
demostraba que los chimpancés estuvieran creando santuarios ni que ambas
conductas tuvieran el mismo significado.
La psicóloga Laurie Santos, de Yale, que no participó en el estudio, resumía entonces para New Scientist la cautela necesaria: podía hablarse de un posible proto-ritual, pero
todavía no estaba claro cómo interpretar el comportamiento.
El sonido de los árboles
A esa incógnita se añadió después otra pista. ¿Por qué esos árboles y
no otros? Un equipo del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva
investigó si la elección podía estar relacionada con el sonido.
Para comprobarlo, los propios científicos salieron a lanzar piedras
y, en colaboración con el laboratorio PRISM de la Universidad de
Aix-Marsella, compararon 125 grabaciones de impactos contra distintos
árboles. Los ejemplares elegidos habitualmente por los chimpancés
producían sonidos de frecuencias más graves y con un "tiempo de ataque"
más prolongado. Muchos contaban además con grandes raíces de
contrafuerte, una característica que podía contribuir a amplificar el
sonido y favorecer que se propagara a mayor distancia.
Los resultados, publicados en 2019 en Biology Letters, aportaron apoyo a la hipótesis de que estos sonidos puedan desempeñar
una función en la comunicación a distancia. Ammie Kalan, autora
principal de aquel trabajo, se resistía, además, a explicarlo como un
simple juego. "El comportamiento lúdico es un poco menos estructurado,
más improvisado", explicó entonces a la revista Science.
Las piedras tampoco se emplean aquí para conseguir alimento, como
ocurre cuando otros primates utilizan herramientas para acceder a
comida, sino en un contexto social.
Con los años, otros trabajos han aportado nuevas pistas sobre
comportamientos relacionados con el uso de piedras para producir
sonidos. En 2025, un estudio de la Universidad de Wageningen y el Centro
Alemán de Investigación sobre Primates, publicado también en Biology Letters tras cinco años de trabajo de campo en Guinea-Bissau, describió una
conducta que sus autores denominan "tamborileo asistido por piedras".
En ella, chimpancés machos adultos golpean repetidamente los troncos
de determinados árboles con piedras, un comportamiento que los
investigadores relacionan con el tamborileo tradicional realizado con
manos y pies.
Según su autora principal, Sem van Loon, este comportamiento presenta, sin embargo, algunas
diferencias respecto al tamborileo tradicional. Los chimpancés suelen
emitir fuertes gritos antes de utilizar las piedras y después permanecen
en silencio, mientras que en el tamborileo convencional la secuencia
suele producirse al revés.
Los investigadores plantean que los sonidos graves generados por los
impactos podrían alcanzar mayores distancias y resultar especialmente
útiles en zonas de bosque denso.
Según los científicos, las observaciones aportaron además indicios de
aprendizaje social: los chimpancés jóvenes adoptaban este "tamborileo
asistido por piedras" de miembros mayores del grupo, algo que
interpretan como una señal de transmisión cultural.
La posibilidad de que este tipo de conducta se transmita socialmente
da al fenómeno una dimensión que va más allá de la curiosidad
científica. Para Marc Naguib, catedrático de Ecología del
Comportamiento, comportamientos como este muestran que la cultura no es
exclusiva de los seres humanos y que también debería tenerse en cuenta a
la hora de conservar la naturaleza.
Nuevas pistas desde Boé
Diez años después de aquellas primeras observaciones, sin embargo, el
significado del gesto sigue sin estar cerrado. Robyn Nakano y Ammie
Kalan, de la Universidad de Victoria, acaban de regresar de Boé con
nuevos datos que esperan utilizar para entender mejor qué función cumple
este comportamiento.
Según contaron recientemente en The Conversation, recorrieron 22 kilómetros en bicicleta y a pie desde Béli hasta la zona
donde instalaron su campamento. Al volver sobre el terreno, el equipo
encontró actividad reciente en buena parte de los puntos que habían sido
localizados años atrás por el Programa Panafricano y que ellos mismos
habían vuelto a examinar en 2017. Todo indica, por tanto, que algunos de
estos lugares pueden seguir siendo utilizados durante más de una
década.
Esa persistencia hace todavía más importante saber qué ocurre
alrededor de los árboles. La observación directa a pie resulta difícil
en Boé, porque estos chimpancés no están habituados a la presencia
humana. Por eso, el equipo ha recurrido a cámaras trampa y equipos de
grabación colocados en los lugares donde aparece esta conducta.
Con ese material podrán reconstruir mejor lo que sucede en cada
episodio: la edad y el sexo tanto de quien realiza el lanzamiento como
de otros chimpancés presentes, y si estos reaccionan a la acción. La
intención es entender mejor el contexto social del comportamiento y
acercarse, finalmente, a su significado.
Un patrimonio en peligro
Por ahora, la prudencia sigue siendo necesaria. Sabemos que se trata
de una conducta poco común, que algunos lugares pueden mantenerse en uso
durante años y que distintas evidencias apoyan la posibilidad de que
exista un componente cultural, pero todavía no sabemos qué significa
para los propios chimpancés.
Y resolver el misterio no es solo una cuestión científica. El paisaje
en el que viven estos chimpancés también afronta la presión de la
actividad extractiva. Durante su trabajo de campo, Nakano y Kalan
encontraron sondeos realizados como parte de la exploración de bauxita.
Como explican en The Conversation, la explotación de este
mineral representa una oportunidad de crecimiento económico para
Guinea-Bissau, pero también implica riesgos de pérdida de hábitat y
contaminación que pueden afectar tanto a la fauna como a las comunidades
locales.
Así, lo que está en peligro no son únicamente los chimpancés, sino
también comportamientos que pueden desaparecer con ellos. Los árboles
golpeados y sus montones de piedras son, por ahora, las huellas de un
comportamiento cuyo significado todavía desconocemos. Conservarla quizá
sea la única manera de que algún día podamos entender qué función
cumplen estos extraños encuentros entre piedras, árboles y chimpancés.