miércoles, 6 de mayo de 2026

El verdadero origen ario: "Un persa, hijo de un persa"

 

 
Esta fotografía propagandística encarnaba el ideal racial nórdico de los nazis.

 

Fuente: https://www.dw.com

Por: Suzanne Cords


Rubio, de ojos azules, atlético: así definían los nazis al "ario" ideal. Hasta hoy, mucha gente asocia la palabra con la ideología racista del Tercer Reich. Pero el término tiene raíces muy distintas.

Adolf Hitler no era rubio ni particularmente alto, al igual que muchos otros alemanes. El ideal nazi del "ario" de origen nórdico era más la excepción que la regla.

Por eso, el origen se volvió crucial: a partir de 1935, todos los ciudadanos del Reich debían demostrar, mediante un "certificado ario", que por sus venas no corría sangre judía, ni sinti, ni romaní, remontando ese control de su linaje hasta al menos tres generaciones atrás.

Los funcionarios, médicos y abogados se vieron obligados a presentar esta prueba incluso desde dos años antes. A menudo, esto requería una investigación laboriosa antes de que los ciudadanos pudieran presentar sus hallazgos a la Oficina de Investigación Genealógica del Reich para su verificación.

Propaganda racista

Los nacionalsocialistas declararon al pueblo alemán como la "raza superior", mientras que a los judíos los consideraban una "raza inferior", cuyos miembros fueron sistemáticamente marginados, y asesinados en lo que se conoce como el Holocausto.

En películas de propaganda, afirmaban que los judíos querían destruir el orden mundial y arrebatar el poder y el liderazgo a la "raza superior". En caricaturas , sobre todo en el periódico de agitación Der Stürmer, se los representaba grotescamente con narices grandes y aguileñas, y con expresiones codiciosas.

También existían pueblos a los que los nazis atribuían características "arias", sobre todo a los nórdicos y escandinavos.

Si encontraban niños rubios y de ojos azules en Letonia, Polonia o cualquier otro país ocupado, no tenían reparos en separarlos de sus madres y "germanizarlos" en los llamados hogares "Lebensborn", una idea del Reichsführer de las SS, Heinrich Himmler, que quería promover la reproducción de una población "racialmente valiosa".

La palabra "ario" también fue la base de la "arianización": la confiscación, apropiación y transferencia de negocios y propiedades judías a personas no judías.

El rey de los persas y el verdadero origen de los arios

Aunque el término "ario" era de uso común, los "científicos raciales" nazis no le daban mucha importancia a esta denominación y, en cambio, hablaban de "sangre alemana o relacionada". Sabían que la palabra se refería originalmente a similitudes lingüísticas y no a características físicas hereditarias.

Los hallazgos arqueológicos demuestran que el término "ario" existe desde hace más de dos milenios. Alrededor del año 500 a. C., el gobernante persa Darío I mandó excavar una tumba en la roca de lo que hoy es Naqsh-e Rostam, Irán. La inscripción reza: "Soy Darío, el gran rey... un persa, hijo de un persa, un ario, de ascendencia aria". La palabra también aparece en textos sagrados de la India, en sánscrito.

Originalmente, "ario" -que significa "noble" u "honorable"- era una autodenominación utilizada por los pueblos de la India e Irán. Descendían de nómadas que emigraron de los territorios de los actuales  UcraniaKazajistán y del sur de Rusia. Posteriormente, los estudiosos clasificaron a los arios como pertenecientes a una familia lingüística indoeuropea común al reconocer las similitudes entre la mayoría de las lenguas europeas, así como con el sánscrito y el persa (farsi).

Reinterpretación racista de un término

El término "ario" se malinterpretó por primera vez de forma racista a mediados del siglo XIX. En su obra de cuatro volúmenes "Ensayo sobre la desigualdad de las razas humanas" (escrita entre 1853 y 1855), el escritor y diplomático francés Joseph Arthur de Gobineau dividió a la humanidad en una "raza" blanca, una amarilla y una negra.

Su conclusión: la "raza aria blanca original" era superior a las demás, distinguida por su supuesta "inteligencia inconmensurablemente superior" y destinada a gobernar sobre las otras. Al mismo tiempo, advirtió contra la mezcla de las "razas", pues esto pondría en peligro la calidad de la "raza aria original" y de la humanidad en su conjunto.

La teoría de Gobineau despertó inicialmente poco interés entre sus contemporáneos, pero décadas después de su publicación fue ganando cada vez más popularidad. Muchos científicos y académicos la utilizaron como punto de partida para sus propios tratados sobre el tema. Uno de ellos fue Houston Stewart Chamberlain (futuro yerno de Richard Wagner). En 1899, este británico publicó su libro "Los fundamentos del siglo XIX", en el que elevó las teorías raciales de Gobineau a un nuevo nivel.

Chamberlain glorificaba a la "raza germánica" alemana. Sin embargo, plenamente consciente de que no todos los alemanes se ajustaban al ideal físico del ario de Gobineau, apeló a valores que, según él, estaban determinados por la sangre. Así postuló que la honestidad, la lealtad y la diligencia eran características comunes de los alemanes. Consideraba a la "raza judía", a la que veía como carente de creatividad e idealismo y meramente materialista, como una amenaza para los "arios germánicos".

Si bien Chamberlain reconoció que algunos judíos poseían cierto sentimiento noble, al mismo tiempo hizo hincapié en su "incompetencia e inferioridad" en comparación con la "raza aria". Su obra fue bien recibida por los alemanes; entre sus admiradores se encontraba el káiser Guillermo II, quien lo invitó repetidamente a la corte.

Hermanados en espíritu: Chamberlain y Hitler

En 1917, Chamberlain se unió al Deutsche Vaterlandspartei (DVLP, o Partido de la Patria Alemana), de extrema derecha, nacionalista y antisemita. El 30 de septiembre de 1923, Hitler lo visitó y, al parecer, le causó una fuerte impresión.

Pocos días después del encuentro, Chamberlain le escribió al futuro Führer: "Que Alemania, en su momento de necesidad, dé a luz a un Hitler, da testimonio de su vitalidad". Hitler, a su vez, consideraba a Chamberlain uno de los "evangelistas" de su visión del mundo; en su libro "Mein Kampf" ("Mi Lucha"), se refiere repetidamente a Chamberlain y, al igual que él, exalta la supuesta superioridad de la "raza aria".

Desde una perspectiva biológica y científica, está demostrado que no existen razas humanas. Los nazis abusaron del término "ario" para justificar su ideología inhumana. Y los racistas de todo el mundo aún lo utilizan hoy en día.


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