En el antiguo Egipto, el río Nilo, los fértiles marjales y los desiertos estaban ligados a la vida cotidiana de sus habitantes. En ellos vivía una fauna salvaje extremadamente variada, muy peligrosa y agresiva, ya que a menudo ocasionaba numerosas muertes o dejaba importantes secuelas a las personas a las que atacaba. Los cocodrilos eran una amenaza constante para quien se acercase a las orillas del Nilo. Con frecuencia se criaban en los templos para más tarde ser momificados ya que se asociaban al dios Sobek. Los hipopótamos, cuyas hembras podían ser letales cuando veían en peligro a sus crías, representaban el caos, pero a la vez también son símbolo de protección y se relacionan con la diosa Tueris. Las serpientes venenosas como cobras (símbolo de protección y soberanía), mambas negras o víboras cornudas y escorpiones eran muy temidos sobre todo por los niños que jugaban en zonas arenosas y cuya mordedura solía ser mortal. Otros animales salvajes eran los leones, relacionados con el símbolo del poder real y la fuerza divina, leopardos, hienas, chacales, asociados a Anubis, dios de la momificación y guía de los difuntos en el Más Allá, bovinos salvajes, asnos salvajes, antílopes y agresivos babuinos. Para defenderse de su furia usaban armas (lanzas, flechas, grandes arpones, cuchillos, entre otros), amuletos mágicos como el ojo Udjat o el símbolo Sa y conjuros específicos, sobre todo para protegerse del veneno de las serpientes y escorpiones.
Fuente: Museo Arqueológico Nacional de España
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